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Burocracia faraónica

Burocracia faraónica

Artículo de Opinión de Ray Montava

La noticia sobre la huida de las inversiones en la Comunidad Valenciana es otro más de los escándalos que no llevarán a nadie a la calle. Es comprensible porque nunca veremos construidos el complejo ARC Resorts o el Puerto del Mediterráneo. No obstante, en vez de re-diseñar la estrategia económica, el Consell decide enmascarar estas consecuencias invisibles usado argumentos como la defensa del medio ambiente o peor, el “no queríamos que la Marina Real de Valencia fuera Las Vegas” del alcalde Ribó. Paradójicamente, parece que perder una inversión hace mucho menos daño político que asumir su ejecución.

A colación de la noticia recordé todos los planes industriales que Compromís tiene, también, para Cocentaina. Planes, que pese a ser bienintencionados, presentan un error de base que los convierte en ineficientes; la lógica de la planificación central. Que se manifiesta en la idea de controlar hacia donde va la industria o que mercado se va a potenciar en detrimento de otros que están fuera de lo que eventualmente se considere I+D o sostenible (tiembla el bolsillo del contribuyente cada vez que se pronuncian esas palabras).

Ni en Cocentaina, ni en el Consell hay nadie lo suficientemente privilegiado como para arrogarse el control de la economía, ni nadie es lo suficientemente inteligente como para preveer hacia donde virará ni dispone de la información suficiente como para saber que industrias serán o ayudarán a otras a ser sostenibles a medio plazo. Más allá de tener intuiciones, el poder de un político no es capaz de organizar algo tan complejo como la industria y cuando lo hace, tan solo gasta cantidades ingentes de dinero en planes burocráticos que solo son anunciados por los fines que persiguen y nunca por los resultados que ofrecen. Pese a ello sí se puede crear un marco institucional estable, que atraiga el crecimiento (y llamarle plan), pero ese marco no esta sostenido por ninguna medida intervencionista y requiere un respeto a la igualdad, a la previsibilidad jurídica y al cumplimiento de los contratos que desde luego no entra dentro del juego de la economía con apellidos bonitos (social, de la gente, sostenible…).

La realidad es que las únicas políticas que han llevado al crecimiento son aquellas que integran toda industria y toda inversión que, dentro de la ley, sea posible realizar, sin estigmas o apellidos. Y, sobretodo, aquellas que asumen que nadie esta en una posición de desventaja por el sector que ocupa ni mucho menos tiene porque cargar sobre sus espaldas el peso de las pérdidas de otras industrias que, según el arbitrio del político, son más deseables y constantemente reciben dinero del contribuyente porque éste, cuando es voluntariamente, no lo invierte en ellas.

“El capitalismo mata” recordaba el conseller de economía sostenible a su vuelta desde Singapur. Probablemente le faltó un matiz; este capitalismo mata, acribillando a la clase trabajadora a impuestos para sostener a políticos como él que dicen tener la llave de nuestro futuro y que toman decisiones imprudentes porque no son ellos quienes las asumen de su bolsillo.

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